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5 excursiones de un día a menos de una hora de Calaceite


1. MORELLA

Morella, la capital dels Ports, se alza sobre una colina que domina una encrucijada histórica entre las tierras bajas del valle del Ebro, la costa mediterránea y las montañas de los Ports y el Sistema Ibérico. La visión de la ciudad, rodeada por dos líneas de murallas y coronada por un castillo inexpugnable, nos dejará sin aliento a nuestra llegada. Paseando por sus calles descubriremos una ciudad de cuento medieval, rodeada de un paisaje verde en primavera pero siempre agreste, irregular y gélido en invierno.
Su historia es una historia de guerras, asedios y resistencia; plaza fuerte disputada durante siglos entre moros y cristianos y sobre todo, ciudad capital de un pequeño estado independiente durante las guerras carlistas, donde el general Cabrera estableció su cuartel general.

Morella dispone de un patrimonio natural de primer orden, con yacimientos paleontológicos que van desde pequeños invertebrados hasta dinosaurios de proporciones descomunales.
La gastronomía morellana es reconocida por sus carnes y embutidos, además de las trufas. Todos los años tenemos la posibilidad de degustarlas durante las Jornadas Gastronómicas de la Trufa.

morella

2. DELTA DEL EBRO

El delta del Ebro no sólo es una de los humedales más importantes del mar Mediterráneo, sino que también es la piedra angular de la declaración de las Tierras del Ebro como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Un sitio singular con lugares, paisajes y gentes que sorprenderán a todos los visitantes.

El río Ebro, en su desembocadura, ha creado una inmensa llanura donde humanos y naturaleza conviven en plena armonía. Una gran parte del Delta está ocupado por arrozales, en la que es la segunda zona en volumen de producción de la Europa occidental. Estos arrozales, junto con las lagunas y las infinitas playas vírgenes conforman un paisaje de colores siempre cambiantes que es el refugio de cientos de especies de aves que año tras año emigran aquí ya sea para alejarse del frío del norte o para buscar un sitio tranquilo donde criar.

En el Delta podremos realizar todo tipo de actividades: desde observación ornitológica (birdwatching), pasando por visitar plantas de cría de mejillones y de otros mariscos hasta recorrer en bicicleta los cientos de caminos que el hombre ha dibujado, acompañados por la suave brisa marina. La oferta gastronómica es también excepcional: los arroces elaborados con pescados y mariscos frescos de todo tipo satisfarán los paladares más exigentes.


3. TORTOSA

Tortosa, la capital catalana del Ebro, nos deslumbrará con su rica historia. Las huellas de la ciudad ibérica, romana, musulmana y cristiana son encantos que todavía hoy se muestran a los visitantes de manera sorprendente. La Suda, el castillo de origen árabe que corona la ciudad, es la plaza fuerte de un sistema defensivo del que se conservan un gran número de tramos, llegando a varios kilómetros. Destaca también la Catedral de Santa María, que acoge tesoros en su interior como la venerada Santa Cinta. Paseando por sus alrededores, entre palacios, plazas y callejones nos trasladaremos la época de esplendor de la ciudad, el renacimiento, momento en que convivían en la ciudad tres culturas milenarias: la cristiana, la árabe y la judía. Todos los meses de julio, la ciudad al completo se transforma y se engalana para rememorar este momento celebrando la Fiesta del Renacimiento, con actividades para todos los gustos y edades.

Tortosa se abre al río Ebro, la fuente de vida que articula la ciudad, y ha recuperado la navegación con laúd, la embarcación tradicional que nos ofrece la posibilidad de embarcarse en un crucero para disfrutar de la fachada fluvial de la ciudad desde una perspectiva única.

4. PUERTOS DE BECEITE

El macizo de los Puertos –o Ports- es una zona de relieve muy complejo y una reserva natural de primer orden. Se trata de unas montañas de frontera, que establecen los límites entre Cataluña, Aragón y Valencia, donde los estrechos vínculos entre los diferentes pueblos han dotado a los habitantes de la zona de una dinámica especial y una riqueza cultural y de valores única. Y es que en los Ports naturaleza y civilización conviven en una armonía casi perfecta; los pueblos, los cultivos y los rebaños de ganado se mezclan entre un paisaje de rocas calizas, arroyos y bosques espesos, señoreados por la cabra hispánica, que tiene aquí su particular Edén.

Buena parte de estas montañas ha sido declarada Parque Natural, con las ventajas que esto supone no sólo para la fauna y flora autóctonas sino también para los visitantes: rutas e itinerarios perfectamente señalizados por lugares sorprendentes, centros de acogida, ecomuseos, mapas y posibilidad de realizar todo tipo de actividades que van desde la escalada al barranquismo pasando por la observación de fauna y flora salvaje.


5. GANDESA

Gandesa, capital de la Terra Alta, despliega sus encantos en la llanura situada en el corazón de la comarca. Su posición privilegiada, sobre unas fértiles tierras que dibujan un mosaico de cultivos típicamente mediterráneos al abrigo de las montañas de Cavalls y Pàndols, domina el paso hacia las tierras interiores de Aragón, al sur hacia Valencia y hacia el este hasta Barcelona. De ahí que haya sido desde tiempos inmemoriales un importante cruce de caminos, disputado por íberos, romanos, moros, caballeros templarios, carlistas y liberales, republicanos y franquistas.

Hoy, Gandesa no ha perdido el encanto y señorío que la hizo famosa antaño: podemos descubrir este antiguo esplendor paseando por las callejuelas de su casco antiguo donde nos sorprenderán la impresionante portada románica de la iglesia de la Asunción, las casas solariegas, palacetes nobles y la antigua cárcel medieval.

Gandesa es también conocida por sus vinos, adscritos a la D.O Terra Alta. Un buen número de bodegas familiares elaboran caldos de una gran calidad, entre los que brillan con luz propia los elaborados con la tradicional variedad garnacha blanca. La preciosa bodega modernista, planeada por César Martinell hace ya un siglo, es testigo de excepción de esta forma de vida tan ligada a la tierra y el paisaje.

La Batalla del Ebro dejó una huella imborrable en esta población, y además de permitir sumergirnos en aquellos terribles meses de 1938 en el museo del Centre d’Estudis de la Batalla de l’Ebre, sus cicatrices pueden verse en los campos y sierras de alrededor, que siguen minados de trincheras, refugios y restos materiales de aquél horror no tan lejano.

El entorno de Gandesa ofrece parajes de belleza singular. A pocos quilómetros encontramos el espacio natural de la Fontcalda, un antiguo santuario enclavado en el valle que excava el río Canaletes entre grandes moles calcáreas, conformando piscinas naturales que son un lugar perfecto para darnos un baño refrescante en verano, después de un paseo por la Vía Verde. Hacia el lado opuesto, encontramos el conjunto arquelógico del Coll del Moro, las ruinas de un poblado ibérico y su necrópolis, situado en uno de los miradores más impresionantes que podamos imaginar.

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